dilluns, 4 d’abril de 2011

Despierto

DESPIERTO, Fran Fernandez

Hoy reflexiono sobre lo instantes,
los de ahora y los de antes,
pasan veloces, alzando sus voces
y aun no sabes si conoces
los antojos de los ojos que te miran por el parque
que conocen tus curvas sin desnudarte.

No es que sea mi teoría,
el no criterio y la agonía
ni que con urgencia callemos la conciencia
pero si con cierta frecuencia;
el latido que nos mueve tiene un ritmo
me he dejado caer en el abismo.

Despierto aquí y no sé bien si llegue por propio pie
o por seguirte donde estés;
voy tropezando con esta sed y el fundador de las estrellas
porque me enseña cosas tan bellas.
No quiero hacer de esto una costumbre
no quiero verte y verme ya en la cumbre.

Supongo que será debilidad humana
dejar todo para mañana,
siempre a dormir en lo mejor del cuento
no estamos para perder el tiempo.
Retorciéndome, aprendiendo un viejo juego,
siento que no siempre hay que apagar el fuego.

Despierto al son de una respiración
el vapor sobre la luz del Sol
tan sólo los dos los datos de este vuelo
que estoy bajo el techo y sobre el suelo.
Caricias que someten
y me ordenan permanecer con la cabeza quieta
y están perdiendo sus fundamentos poco a poco todos mis pensamientos.

De la extraña visión volviendo a ahora,
siento que mi alma llora,
intento consolarme con empeño,
mas duro el despertar que el sueño,
los labios que he rozado con mortal anhelo
entre dos piernas se desprende el hielo.

Salgo del éxtasis y reacciono,
reconozco que a veces me ilusiono
pero es mi historia
tan verdadera como lo puede ser otra cualquiera
y alguna alli de condición liviana
y el trato afable de la especia humana
beberá de lo que yo he bebido
mientras mi cuerpo estático y dormido�

Despierto aquí y no sé bien si llegue por propio pie
o por seguirte donde estés;
voy tropezando con esta sed y el fundador de las estrellas
porque me enseña cosas tan bellas.
No quiero hacer de esto una costumbre
no quiero verte y verme ya en la cumbre.

Doy fe de que el amor existe
que come, duerme, palpa y viste.

-Que gusto descubrir nuevas canciones asquerosamente bien acompañada-

dissabte, 2 d’abril de 2011

Era el orgullo lo que le impedía marcharse de una vez por todas. De ahí, de sus propias entrañas, sacaba las fuerzas, día tras día, para seguir allí, para pisar fuerte la fría nieve y seguir buscando comida a pesar de la muerte que asolaba la región desde siempre.

Todos se habían ido. Pero él fue incapaz. No le esperaron. Sabían que no se movería. Eran demasiadas noches gritando a la Luna, tratando de asustarla para hacerla bajar y pegarle un buen mordisco. No podía irse de sus queridos bosques, de sus bastas extensiones en las que correr y limpiarse en el hielo cortante. Aunque desparecieran. Aunque dejaran del existir. Él desaparecería con su hogar.

Su orgullo lo mantenía en pie, allí. Por siempre. Un orgullo forjado por un invierno eterno.